miércoles, 28 de enero de 2015

El Duque y las Abejas

Ubicada al norte de Londres, había una gran mansión, algo vieja pero, en ella resaltaba un hermoso y gran jardín, que siempre, en el cual cada año la Primavera, con su trompeta dorada, inundaba de vida y alegría a todo ser que estuviese en ese jardín, en especial, a las abejas, vestidas de amarillo y negro. La abejas eran las encargadas de polinizar todos los árboles, arbustos y flores de aquel jardín, en especial, el rosal rojo de la difunta madre del joven duque, quien vivía en aquella enorme mansión y  tenía tan solo catorce años.

- Que bello nos ha quedado el jardín. - Decían las abejas deleitándose con la música de la Primavera. Pero en eso se escucharon unos pasos rápidos que se dirigían directamente hacía el jardín, era el joven duque y al parece estaba con los ojos llorosos.- ¡Los odio a todos!- Vociferó el duque.- ¡Odio este jardín, odio a los estúpidos animales, y odio este maldito clima!.- Hubo un repentino silencio, la música de la Primavera y el zumbar de las abejas se detuvo de sopetón. El duque se dejó caer al suelo llorando y repitiendo incesante las mismas palabras de odio una y otra vez.
Un aire de tristeza rápidamente se esparció por el jardín, las abejas se quedaron perplejas y murmuraban entre ellas:

- No nos quiere.
- Cretino.
- ¿Por qué dijo todo eso?
- Creo que debemos dejarlo e irnos.

Así pues las abejas se fueron y el jardín cayó en una gran depresión. Conforme pasaron los meses, el Invierno anunció su llegada, tocando su triste violín de plata, invitando a sus hermanos, los Copos de Nieve, a entrar en el aquel jardín. El blanco de la Nieve cubrió todo el jardín y la Escarcha danzando pintaba de plateado los arboles y arbustos. El último en llegar fue el Gran Viento, vestido de pieles de Rusia, quien llegó con todas sus fuerzas.

El duque se sintió aun mas triste, ya que la belleza su jardín desapareció y el rosal de su madre ya había muerto. - Me siento triste. Porque mi madre no está y lo que me quedaba de ella, también se ha ido, pero está vez, ha sido mi culpa.- Su agudo llanto, llamó la atención de unas de las abejas que pasaba por allí en busca de polen, pero al escuchar al joven duque inmerso en su profundo dolor decide ir con las demás abejas para que la ayuden a revivir el jardín y así animar al duque. Las demás abejas al ver el estado en el que se encontraba el duque, aceptan y junto con ellas viene la Primavera, que con su trompeta dorada hizo salir volando a el Invierno, la Nieve, la Escarcha y al Gran Viento.

Así entonces las abejas trabajaron sin descansar hasta caer moribundas al suelo. - El rosal.- Decía una de las abejas ya débil.- Nos falta el rosal.- Pero fue inútil cayeron todas muertas. La primavera se entristeció al ver aquella escena tan noble y bajo sus cuerpo sin vida creció un nuevo y mucho mas hermoso rosal.

Cuando el duque entró al jardín vio los cuerpo de las pequeñas abejas sin vida adornadas por el jardín y exclamó.- Pobres criaturas. ¿Por qué habéis dejado éste mundo por la reconstrucción de mi jardín?.- Entonces, la gran primavera se muestra ante él y le dice.- Este es un regalo para ti, así que no esté triste que para los seres buenos siempre habrá un lugar en el reino de los cielos.- Así, tocando su dorada trompeta, la Primavera elevó los cuerpo de las abejitas por encima de las nubes, hasta que el joven duque las perdió de vista. Con mucha alegría y felicidad el duque se despidió de ellos prometiendo cuidar del jardín hasta el fin de sus días.



Escrito por: Raúl Cerón Mesa
Edición y Correcciones: Lina M. Galvis

No hay comentarios:

Publicar un comentario