Escrito por: Lina Galvis
En la actualidad se
calcula que más del 95% de los hogares posee al menos un televisor en su hogar
y más del 70% de los Colombianos acostumbre ver al menos una hora diaria de programación.
El uso de estas violentas temáticas hace que nosotros como pueblo
colombiano temamos a todo lo que sucede a nuestro alrededor, lo que nos crea un
continuo miedo a salir, lo más triste, es que a la larga termina siendo un
miedo completamente justificado. Está también el caso de los televidentes más jóvenes,
que se sienten alentados a seguir estos malos pasos, ya que fue con esta clase
de telenovelas que se criaron. Lo que antes era un inocente juego, lentamente
se estaba convirtiendo otro antisocial.
Lo peor es que esto no es solo un problema que afecta a los ciudadanos
inmediatos. Cuando estas telenovelas llegan a tomar algún posicionamiento
internacional, las personas en otros países las ven y esa es la imagen que se
crean de Colombia, lo que conlleva a la discriminación hacia los colombianos, o
bien, a toda la comunidad hispana. Afectando mayormente el sector del turismo,
causando un gran impacto económico no sólo en Colombia sino en muchos otros
países.
Puede que el país no esté en sus mejores momentos, ni sea el más seguro del
mundo, eso nadie lo niega, pero no hay necesidad de exponer dichos problemas al
mundo, y menos en el área del entretenimiento, esto le da a los extranjeros
ideas equivocadas sobre el país y sus habitantes. Se convencen a sí mismos de
que todos vivimos de esa manera y, peor aún, que nos agrada. El país tiene
muchas cosas buenas y positivas que ofrecer, bien podrían mostrarlas en
televisión.
He tenido el pesar de ser testigo de la discriminación hacia los
hispanos en un país tan “igualitario” como lo es Estados Unidos. Incluso mi
primo de catorce años, quien nació y se crio allá, cuando llego a Colombia por
primera vez esperaba encontrarse con lo mismo que veía en las telenovelas o en
sus videojuegos, donde el traidor siempre era el hispano. Afortunadamente se
llevó la mejor de las impresiones de Colombia y la comentó con alegría a sus
compañeros.
Pero ¿Por qué seguimos con lo mismo? La Comisión Nacional de Televisión
(CNTV) realizó una encuesta, en esta se obtuvieron varias conclusiones. Si bien
algunas de las conclusiones eran obvias, como que los canales RCN y Caracol son
reyes de la audiencia y que, para muchos colombianos, las telenovelas sobran en
la pantalla, algunos resultados fueron impactantes: como que ocho de cada diez
colombianos se pega a la pantalla al menos tres veces por semana y 7 de cada 10
ve televisión a diario. Este consumo, de acuerdo con los resultados, comprueba
que entre semana, el 80 por ciento de los mayores de 12 años ve televisión en
la franja de la noche (de 6 a 10 p.m.) y le dedica promedio de 2 horas y media
diarias a la televisión en ese horario (si se toman en cuenta todos los
horarios, el promedio sube a 4,2 horas diarias).
Con resultados como estos, es posible afirmar que los productores y
libretistas actuales solo están interesados en lucrarse, y no en la formación
de una sociedad con valores, excusándose con la falsedad de que no pueden hacer
nada al respecto, sin darse cuenta de que la solución está prácticamente en sus
manos. "Ser libretista es ahora un buen
negocio en Colombia que, con Brasil y México, son los países que más
telenovelas producen en Latinoamérica", resume un miembro del equipo de RCN.
Si usted es uno de los que apoyan estas novelas o afirma que son
“buenas” o “educativas”, lo invito a que reflexiones sobre las consecuencias
que esto trae tanto al interior como al exterior del país, donde los
principales afectados seremos nosotros, el pueblo colombiano, de que usted
también hace parte. Le propongo que como futuro productor de material
televisivo, piense si en verdad ama su país y si estaría dispuesto a
arriesgarlo todo para intentar formar una generación educada y con valores.
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